Moses Boydjazz 

Moses Boyd: ‘Dark Matter’ (2020)

Esto va a escocer (y no solo a los puristas), pero si el jazz tiene futuro, entendiendo por esto no devoción por un pasado glorioso entre las nuevas generaciones, sino que esas mismas generaciones se impliquen como creadoras y, consecuentemente, como aficionadas, si tiene futuro, digo, va a tener que ser fundiéndose con lo que escuchan y producen los jóvenes músicos en cada momento.

No debe entenderse con esto que haya que ‘salvar al jazz’ pagando el precio que sea o que se convierta en un recurso de qualité para disimular productos nefastos o ennoblecer mediocridades (pues ambas cosas ya suceden), lo que digo es que fundir el jazz o incoporarle ‘la actualidad’ es la única vía que encuentro para, en principio, salvar los muebles y, de ahí, lo que surja, y quiera el espíritu de Thelonious Monk que esto sea para bien.

Moses Boyd, 27 años, es la mitad de un excelente dúo de jazz británico del que la mayoría de los aficionados no ha oído hablar en su vida, Binker & Moses, que han sacado tres discos entre 2015 y 2018 y, naturalmente, no han causado ni amor ni furor, salvo en cuatro devotos, a pesar de haber sido premiados los discos y sus creadores en ámbitos también muy restringidos. Paralelamente a su trabajo en el dúo, Boyd fue colaborando con artistas de música urbana y electrónica y se ve que se le abrió la posibilidad de abordar un proyecto tan personal como ambicioso. Así, en 2018 publicó ‘Displaced Diaspora’, un extraordinario LP lleno de africanismo, electrónica, hip hop y jazz (mucho jazz), de excelente y muy orgánica producción, con variadas y notables colaboraciones ajenas al canon jazzístico (Terry Walker, Kevin Haynes o Zara McFarlaine).

‘Displaced Diaspora’ marcó el inicio de una senda que ahora viene a confirmar ‘Dark Matter’, un disco quizá no tan completo como el primero (la sensación de que ‘se desinfla’ es más que evidente), pero que como aquel está lleno de grandes ideas y transmite fuerza y genio sobre todo en su primera mitad, sanamente grandilocuente, con un trabajo de producción más barroco, un elegante manejo de los vientos y, de nuevo, grandes colaboraciones, como Armon Jones, Poppy Ajudha y Nonku Phir.

Queda en manos de los aficionados más abiertos de mente y de la crítica menos casposa, amén del azar y la industria, permitir que Moses Boyd nos siga iluminando el único camino ya posible en un género centenario, venerable e imprescindible.

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