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‘High Fidelity’ (Sarah Kucserka y Veronica West para HULU / Disney, 2020)

La versión en modo miniserie de ‘High Fidelity’, que hace 20 años fue película (casi de culto) de la mano de Stephen Frears, basada a su vez en la novela homónima de Nick Hornby, no es un reboot millennial y femenino (que no necesariamente feminista ni falta que le hace) en términos musicales, pues sintomáticamente lo que escucha, vende, colecciona y venera ‘Rob’ -la traslación femenina del personaje interpretado en la película por John Cusack y aquí por la bastante competente Zoë Kravitz– no es ni de lejos lo que le corresponde a una chica de 30 años del mundo presente, sino, por ser amables, lo que le pertenecería a su señora madre. El asunto lo arreglan los guionistas recluyendo a ‘Rob’ en una tienda de discos para adoradores del vinilo (‘la cofradía del disco rallao’ se me escapa a veces, mil disculpas) y hasta de la cassette y con un cartel que dice “No CD’s” (aunque, eso sí, los personajes usan Spotify o similar para hacer ahora las compilaciones de canciones a las que, menos mal, llaman ‘playlists’) y toda esta movida  para que la lista de canciones que verdaderamente interesa, la que van buscando los nostálgicos de la película del 2000 no cambie demasiado. Porque aquí sí que te las sabes todas, cuñao.

high-fidelityAsí, la ‘Rob’ de 2020 santifica discos de Bowie de hace 50 años y se sabe al dedillo la vida íntima de los miembros de Fleetwood Mac y, cuando la vemos delante del santo grial de las colecciones de vinilos, se pone a salivar como un friqui calvo con coleta de 57 años y, lo siento, no cuela. En cambio, las referencias a los sonidos del siglo que habita son muy-muy pocas en su boca (hay una de un disco de 2016 ¡de Bowie!) y unas cuantas más en la banda sonora, pero, digo yo que unas palabritas para, no sé, los Strokes, Interpol o The Moody Peaches (por no salir de Nueva York, ya que la acción transcurre en Brooklyn) pues no hubiesen estado mal y una capita de cierta actualidad y verosimilitud sí que hubiesen cogido la protagonista y la ficción.

En cambio, si lo que te ha traído a ‘High Fidelity’ es la contemplación de una versión en femenino del caos emocional hecho carne mortal (y ejecutora) del protagonista de Hornby, estás de suerte, porque conforme avanzan los capítulos y vamos ahondando en los sentimientos de ‘Rob’ (a su pesar, por cierto, porque es un personaje-yuyu que vas rechazando conforme lo vas conociendo) se nos desvela una muy explosiva mezcla (esta sí muy actual, aunque no necesariamente nueva) de bello ser humano venenosamente egoísta, amputado por la parte del compromiso, descentrado, caótico y un infalible matarratas de los sentimientos de los demás.

No es que ‘Rob’ me caiga mal a mí, es que hasta los guionistas la odian. Fijaos en el final y en ese 9%.

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