The Cash Box Kingsblues 

The Cash Box Kings: ‘Hail To The Kings’ (2019)

Ahora que anda todo el mundo buscando una cura o una vacuna contra el bicho, voy a aportar (algo frívolamente) mi granito de arena en el esfuerzo, porque este disco tiene necesariamente que curar algo, el alma, por ejemplo. Y, si dudas, prueba: deja de leer esto, ponte ‘Hail To The Kings’ en el reproductor y luego vienes y me cuentas.

The Cash Box Kings, ‘la mejor banda de blues de la tierra’, son una de esas formaciones de Chicago, herederas del sonido eléctrico de Muddy Waters y Howlin’ Wolf y con músicos todavía capaces de grabar un disco en un día de estudio (‘I-94 Blues’, 2010), que mantienen intacta la esencia de la era dorada del blues en ‘la ciudad del viento’ y solo hacen concesiones a la actualidad en las letras y en cierta retranca en la ejecución. Dicho de otra manera: son una banda que te da exactamente lo que vas buscando, si es que se trata de un producto imperecedero, acabado, redondo, vitaminado y capaz de rellenarte de energía cualquier agujerillo que se te haya quedado vacío por muy escondido que esté.

Fundados a principios de este siglo y con casi una decena de discos en la calle, The Cash Box Kings (cuyo nombre viene por cierto de un sistema de medición de ventas de música similar al Billboard, pero ya extinto) están comandados por Joe Nosek y Oscar Wilson (ambos cantan, tocan la guitarra y la armónica), siendo otros miembros fijos de la banda el baterista Kenny “Beedy Eyes” Smith, el bajista John W. Lauler y el guitarrista Billy Flynn, aunque suelen incorporar en sus grabaciones y sus actuaciones a otros artistas, como en este caso a nuestra reverenciada Shemekia Copeland, que pone la voz en ‘The Wine Takin’.

Lo que más sorprende de ‘Hail To The Kings’ (una vez superado el subidón que produce la primera y terapéutica escucha) es la soltura y el desparpajo con que la banda va saltando de unos palos a otros: tenemos blues del Delta (‘Smoked Jowl Blues’), jump (‘Ain’t No Fun…’), un fastuoso ejemplo de blues primitivo (‘Poison In My Whiskey’), un claro homenaje a Bo Diddley (‘Joe, You Ain’t From Chicago’), blues rock (‘Jon Burge Blues’), boogie (‘Black Off’) y hasta swing en la deliciosa ‘The Wrong Number’.

Iba a terminar diciendo que este es un disco para enseñar a amar el blues, pero en estos tiempos distópicos casi que me apetece más deciros que lo disfrutéis vosotros, que sabéis de qué estamos hablando, y que no perdáis tiempo en proselitismos, por si las moscas.

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