The Wood Brothersamericana 

The Wood Brothers: ‘Kingdom In My Mind’ (2020)

¿Os acordáis de Medeski, Martin & Wood, un trío de jazz avant-garde (cómo molo) que tuvo una cierta repercusión hacia el cambio de siglo? Pues el Wood del trío, Chris, que es/era el bajista (bueno, contrabajista), cuando se dejó de vanguardias, volvió a su tierra de Colorado donde se juntó con su hermano Oliver (el otro ‘brother’ de la cosa esta), que toca la guitarra, y un tal Jano Rix que toca todo lo demás. De la junta aquella hace ya quince años, siete discos de estudio y tres en directo y The Wood Brothers son ahora, probablemente, una de las bandas de americana más interesantes y golosas del panorama, porque, además de funcionar instrumental y vocalmente como el mecanismo de un reloj suizo, han sabido mezclar y amasar con mucho tino el country, el bluegrass y el folk por una parte y el pop y el jazz por la otra. O sea, americana music de tres estrellas Michelin.

Bueno, pues si la música fuera un deporte, ‘Kingdom In My Mind’ sería un partido de exhibición o, siguiendo con los símiles culinarios, este disco podría ser una masterclass con tres chefs en los fogones, porque, tan sobrados como valientes, Chris, Oliver y Jano se metieron en el estudio a improvisar o a hacer jams o a dejarse llevar sin tener nada escrito y quizá ni pensado, aunque, claro, después de tres lustros de carrera, sabían que el bagaje común, el conocimiento mutuo y la complicidad en los objetivos estéticos y poéticos harían su magia.

Y vaya si la hicieron, ‘Kingdom In My Mind’ es un disco cálido, amigable, cercano y que suena familiar, pero, además, es mucho más complejo de lo que parece, porque, a poco que rasques en cualquier tema que hayas disfrutado con comodidad, descubrirás texturas y tonos que no habías pillado en la primera escucha: un poquito de blues, un coro góspel, una suavidad soul, un guiño funk o la profundidad jazzística del bajo, es decir, casi todo lo que estaba en la cabeza y las manos de tres músicos prodigiosos que se han dejado libres a sí mismos durante días y días a micrófono abierto y calzón quitado. Ni se te ocurra escucharlo una sola vez.

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