Tami Neilsonamericana 

Tami Neilson: ‘Chickaboom!’ (2020)

Los aficionados a la música que se consideren personas aseadas (de mente al menos) deberían dividirse en dos grupos: los que conocen a Tami Neilson y los que deberían. A estos últimos les tendría que bastar la escucha de los tres pelotazos con que se inicia ‘Chickaboom!’ o ver el vídeo que insertamos más abajo para que se le abra el apetito de Tami y se les cree inmediatamente la necesidad de más, mucho más.

Aparte de por su presencia rotunda y vigorosa y por una voz gigantesca (es imposible no acordarse de Shirley Bassey cuando Tami acomente la música negra), muy bien aderezadas por cierto con las dosis justas de exceso y autoparodia, Tami está ‘ahí’ por tener una carrera sólida y consolidada (empezó de telonera con Tanya Tucker y Johnny Cash), con siete discos, entre ellos ‘Dynamite’, de 2014, considerado uno de los mejores discos de ‘americana’ de la década y también porque -mujer madura y sensata- ha sabido dosificar sus lanzamientos y sus giras y combinarlos con sabiduría con la vida hogareña en Nueva Zelanda, a donde se marchó por amor desde su Canadá natal.

Las carreras en la música country (a cuyo universo se remite Tami una y otra vez) son, si se cuidan, tan largas como la vida, Neilson lo sabe y con este ‘Chickaboom!’ construye un peldaño más en una trayectoria ascendente y magnífica. ‘Chickaboom!’ tiene country, por supuesto, y tiene también rockabilly, soul y, destacando, poderosísimas perlas rhythm and blues que buscan no solo el agrado sino la complicidad y aun la devoción del oyente y que, de paso, nos traen también a la cabeza la voz de la malograda Amy Winehouse.

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