St. Vincent: ‘St. Vincent’ (2014)

Es muy posible, a estas alturas, que Annie Clark -con mucho merecimiento, pero no con todo el merecimiento- pueda dejarse caer tranquilamente sobre el trono de La Artista Musical del Momento (ese que ocupó hasta hace bien poco P. J. Harvey). Clark es una cantante notable y una compositora eficaz, que sabe rodearse y colaborar con los mejores (o los más resultones, en su defecto) y produce con cierto ritmo (cuatro discos en siete años) obras de las que todo el mundo habla y casi siempre bien. O sea, que, como su mentor Byrne, ha logrado ser a un tiempo artista y artefacto (cuidado, que de malo tiene bien poco: Bowie lo fue durante décadas) en un tiempo en el que, por intenciones mucho más humildes, media humanidad estaría dispuesta a cortarte la cabeza.

Con todo lo dicho, este ‘St. Vincent’ es el peldaño necesario en el ascenso de Clark a su reinado. Un disco áspero y feísta, pero enormemente atractivo, donde se nota a su autora cada vez más segura de sí misma y más asentada en sus deseos, pero sin dejar de halagar al respetable.

St. Vincent: “Actor” (2009)

Annie Clark (ex Polyphonic Spree) tiene segundo disco (el otro, Marry Me, es de 2007) y la crítica lo está poniendo estupendamente. El efecto que provoca al escucharlo es, en principio, muy similar al del primero; esto es: voz angelical sobre melodías sencillas envueltas en arreglos complejos (vamos, como La Bien Querida –en disco-, pero pijo, pijo). Sin embargo, lejos de dejarte controlarlo (o sea, predecirlo), el álbum logra sorprender y enganchar, y esto ocurre porque posee suficientes argumentos y densidad sonora como para quedarse ahí (en el mp3, en el escritorio, en el cd del coche) y volver a sonar en cualquier momento.

Clark se ha inspirado para la composición en los recuerdos de sus películas favoritas (El Mago de Oz, Badlands, Pierrot le Fou, Stardust Memories, La Bella Durmiente…) y probablemente sea eso, el intento de reinventar esas bandas sonoras, lo que le da a Actor la atmósfera y, muchas veces, el dramatismo que construyen su riqueza.

Sólo un pero le pongo (y no soy el único) y es que el disco, en su segunda mitad, se deja caer y pierde fuelle, o sea, se simplifica.