Spoon: ‘Hot Thoughts’ (2017)

Britt Daniel, el líder de Spoon, dijo hace poco en una entrevista que habían compuesto/grabado este álbum escuchando a Prince y el Lodger de Bowie (que como mezcla para pólvora no está mal); si lees críticas en medios (muy) prestigiosos, te dirán que el paso que han dado ahora los de Austin  es muy similar al que dieron Arcade Fire con ‘Reflektor’  (un paso, por cierto, que parecía dado en un barranco hasta que nos hemos enterado de esto) y no sé dónde leche he leído que este ‘Hot Thoughts’ es un híbrido entre Radiohead y el funky.

O sea, que el disco gusta, pero confunde y, como está el patio, si algo nuevo de una banda vieja nos deja a los que escribimos de música (ya se sabe eso de que es como bailar sobre arquitectura) pegando tiros al aire, es que hay tema, hay sustancia y la cosa merece detenimiento.

‘Hot Thoughts’ es un disco extraordinario en la trayectoria de una banda veterana que (tocándonos muchas veces las pelotas a los que nos enganchamos a ellos con el Girls Can Tell) está empeñada en crecer y evolucionar, aun a riesgo de alejarse de lo que la clientela, la crítica y la industria esperan de ellos. Y es algo  que Spoon pueden hacer perfectamente porque, a diferencia de Arcade Fire, no llenan estadios por sí mismos y, por tanto, no están paralizados por contratos muymillonarios ni compromisos megalíticos.

Spoon suenan a Spoon aunque se vistan de sintetizadores y, desde siempre, suenan muy poco parecidos a casi nada de lo que se escucha por ahí. Es decir, han conseguido ser una banda-isla, pero, gracias al cielo, nada de lo que producen parece fruto del ensimismamiento. Por eso, en este disco bailongo, de melena medio suelta, luminoso, brillante, con un bajo juguetón y prodigioso que hilvana con hilo de oro las diez canciones, pueden sonar como una mezcla entre Prince y los Talking Heads en ‘Can I Sit Next To You’ o -agárrate- como los KISS de ‘I Was Made For Lovin’ You’ en ‘Shotgun’ sin dejar por un momento de ser Spoon ni de ser simplemente enormes.

Spoon: ‘They Want My Soul’ (2014)

Spoon

Después de cuatro años de sequía (que han correspondido a sendas aventuras externas de los dos principales miembros de la banda) vuelven los de Austin con un disco, si no distinto a los del resto de su admirable trayectoria, sí, al menos, ‘redireccionado’: con un sonido más afilado, pero más pop, con numerosos aportes electrónicos y algunos experimentos (no todos satisfactorios), con los temas ordenados a contrapelo y (lo mejor) con una agradable sensación a suave reset bien cocinado y bien dirigido.

Spoon: ‘Transference’ (2009)

Ahora que vienen al Primavera muchos van a descubrir aSpoon y eso es una cosa muy buena, porque lo primero de lo que se van a enterar es que no son unos veinteañeros apañados en un club y lanzados con avaricia a la carretera por un tío listo, sino unos músicos superlativos que llevan en esto casi dos décadas; segundo porque puede que a los descubridores les dé por investigar en su discografía y se encuentren con los excelentes Ga Ga Ga Ga Ga (2007) o Kill The Moonlight (2002) y, sobre todo, con Girls Can Tell (2001), un disco tan bueno que no mereció la década tan mediocre que lo vio nacer (bueno, y el pelotazo que dieron The Strokes ese mismo 2001); y tercero, porque al escuchar todos estos discos van a saber cuál es el verdero significado de determinados términos que, muchas veces sin fundamento, se aplican a grupos de rock que pasan el último corte, el de la excelencia: coherencia, simplicidad, personalidad, limpieza y genio.

Ahora han publicado Transference (2010), un disco sin duda menor en su trayectoria, con cierta tendencia al lo-fi, al modo-demo: poco ambicioso, humilde e irregular, con pistas mayúsculas (Written In Reverse, I Saw The Light) junto a otras que saben a poco para lo que esperamos de la banda (Out Go The LightsTrouble Comes Running), pero que en ningún caso decepcionan o frustran a oyente, porque siguen siendo Spoon, es decir, puede que esas pistas de segunda no estén a la altura de t-o-d-a-s las de Girls Can Tell, pero, demonios, ninguna de esas canciones pueden considerarse relleno, estafa o traición a su trayectoria y a sus adictos. En Transference Spoon han dado “lo que había” esta vez, sin disfraces, y esa honestidad es lo que los hace grandes. Ya vendrán, seguro, las vacas gordas.