Radiohead: ‘A Moon Shaped Pool’ (2016)

Vale que este es un no-nuevo disco de Radiohead, vale porque solo tiene tres canciones verdaderamente nuevas, vale que tiene algunas (‘True Love Waits’, 1995) más viejas que algunos de los que irán a verlos en esta gira, vale que es un disco-excusa-para-hacer-esa-gira (y caja, claro), vale que la playlist en orden alfabético es una tontá cuya premeditación no hay quien se crea, vale que, aunque parezca que hay ‘concepto’, es imposible que lo haya, porque ‘A Moon Shaped Pool’ lo han grabado a trancas y barrancas y en varias etapas (concretamente a ‘Burn The Witch’ llevan dándole caña en el estudio década y media), vale que este (otra vez) no puede ser -con todo lo anterior y más- ese otro ‘gran disco’ de la banda de Abingdon que los fans llevan esperando una década y, finalmente, vale que han perdido esa épica afligida de la que hicieron seña y marca de fábrica. Vale, que sí.

Pero será que lo anterior fue tan decepcionante, será que en este disco son ellos mismos su único referente, será que se han puesto en las manos, los arreglos y la orquesta de Jonny Greenwood, será que lo que han elegido para estrenar, freír o refreír tiene fuerza, carisma y sustancia, será incluso que les ha salido así por casualidad, el caso es que este estanque con forma de luna es un disco que, a poco que se le dé una oportunidad libre de prejuicos, puede satisfacer plenamente a un oyente predispuesto e incluso agradar (sin entusiarmar, no nos emocionemos) a buena parte de los (febriles) seguidores de la banda, ávidos siempre de que vuelvan los sonidos de aquellos discos míticos cuyo eco, si no está en este, sí puede al menos rastrearse en temas como ‘Identikit’ o ‘Daydreaming’ y reconocerse en ‘Decks Dark’ o ‘Ful Stop’. Y en concreto ‘Present Tense’, con aires de bossanova, es una golosina.

Radiohead: ‘The King of Limbs’ (2011)

¿Qué tendrá este disco, que será-será, que en el momento de escribir esto ninguno de los grandes medios en internet (Pitchfork, NME, Allmusic, Spin, Rolling Stone…) ha dicho todavía esta boca es mía al respecto de la última entrega del combo de Tom Yorke. Mucha prisa en anunciar el momento en que Radiohead abría las puertas de la descarga, mucho bombo, mucho platillo y ahora una calma cósmica parece fluir por las redacciones. ¿Habrán quedado decepcionados, anonadados, petrificados, fascinados, definitivamente mudos? ¿Pero cuántas escuchas necesita un crítico consagrado para poner el huevo, Virgen Santa? ¿Será, ay, que se están mirando entre ellos –los consagrados- como Clint Eastwood y los malos a ver quien es el primero que desenfunda?

Venga, va, yo disparo. ‘The King of Limbs’ es un buen disco corto, entre rarito y poco accesible en la primera escucha y que enseguida gana fluidez en el oído del oyente; hay mucha electrónica (y mucho ‘homenaje’ al trip-hop) y poca guitarra, pero las canciones buscan a quien las escucha y no se quedan en el limbo esperando que lleguemos. Hay piezas estupendas, alguna aridez mística de Yorke y ciertos rellenos (y todo en 40 minutos); y puede colocarse muy comodamente en el cajón del ‘los Radiohead más íntimos’ sin peligro de que se salga ni vaya a venir nadie a descubrir en él nuevas esferas sonoras ni belleza nunca imaginada. Resumiendo: un nuevo y mullido escalón descendente (aceptamos ‘descansillo’ como estadio en el trayecto) en la muy confortable -para ellos y para nosotros- decadencia de una banda que viene deslizándose graciosa y educadamente desde hace ya doce años.

¿Qué resulta que dentro de quince días sacan la segunda parte? Pues ya hablaremos. Si no cuesta, caramba.