Bruce Springsteen: ‘High Hopes’ (2014)

Definitivamente este es un disco accidentado. Ahora mismo está disponible en streaming en la web de la CBS, aunque no para ser escuchado en todas partes, como advertirás enseguida. Hace unos días, con el año nuevo, a Amazon se le fue de las manos y lo puso en mp3 para descarga dos semanas antes de tiempo, lo que provocó inmediatamente que se convirtiera en regalo adelantado de Reyes para las redes P2P. Ha sido un disco grabado y producido tema a tema durante la gira del 2013, con pruebas enviadas de Ron Aniello, el productor, al boss y de vuelta, a lo largo de los meses. Es un disco sin Steve Van Zandt, que ha estado grabando la segunda temporada de Lilyhammer y con la incorporación estelar de Tony Morello (R.A.T.M.) que con su particular ejecución guitarrística hace mucho más que acompañar a Springsteen en los temas.

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Y, definitivamente, no es un álbum, no es ‘una obra’, sino un conjunto de canciones. No hay tema, no hay concepto y ni siquiera hay, propiamente, temas nuevos, pues Springsteen ha reunido canciones que se habían ido quedando fuera de discos anteriores, versiones de temas propios y de temas ajenos (aunque hace muchos años incorporados al repertorio de las giras, como el Dream baby dream, de Suicide) y ha hecho -supongo que porque le apetecía- una especie de ‘desalojo de emergencia’ que, en conjunto, no desmerece de la discografía de su autor, provoca curiosidad antes de su escucha, no contiene sorpresas (salvo las que que ofrezca Morello a los no avisados) y deja al oyente más o menos satisfecho.

Bruce Springsteen: ‘Wrecking Ball’ (2012)

Si hay algo que no se le puede reprochar a Springsteen es que no sea fiel a sí mismo ni a la imagen que proyecta en sus fans. Otra cosa, desde luego, es esperar en cada disco que hace (van 17 desde 1973) dos o tres canciones que causen en el oyente idéntico efecto que hace 30 o 35 años. Y de eso no tienen la culpa los temas (en este disco We Take Care Of Our Own o Land Of Hope And Dreams, por ejemplo, cumplirían a la perfección con el cometido de himnos), sino más bien los años o los kilómetros de la audiencia. Así que de lo que pasa con Wrecking Ball (que es lo que viene pasando, más o menos, desde The Ghost of Tom Joad) menos echarle la culpa al Boss y más mirarse uno el cuentavueltas y sus consecuencias.

En este disco Springsteen parece querer reunir en una hora todo lo de sí que puede y lo hace con valentía y generosidad. Sobre el pavimento actual que le prepara el productor Ron Aniello (baterías programadas, samples, y hasta un rap en Rocky Ground) el de Jersey va acumulando sobre todo referencias a la tradición musical norteamericana del siglo XX: coros gospel, baladas, pasajes country y folk (mucho Pete Seeger, vuelta a Woody Guthrie), aires gaélicos, mandolinas, banjos, vientos, más coros, cuerdas…, casi sin perder de vista que este es un disco de rock, pero sobre todo un sincero autohomenaje de un hombre que lo ha sido todo en su parcela de la música contemporánea, particularmente porque el sí que se ha dejado el alma en el empeño.