Arctic Monkeys: AM (2013)

La primera impresión que me dejó este disco se ha apoderado de mí hasta el punto de ser casi la única impresión: ‘AM’ sí que es un disco de los Monos (a ver, qué cosas), pero con el pie (muy) levantado y eso, que podría ser una virtud (sabido es que la  búsqueda incansable de hits quema más que el sol de rechapa), no lo es de ninguna manera en este caso, pues la sucesión de medios tiempos acaba en monotonía, van erosionándose las expectativas (de algo nuevo/distinto, de un algún radical cambio de tempo, de alguna genialidad o alguna horterada, ya puestos), uno se va cansando/aburriendo y, a ese ritmo, (la verdad) la voz de abejorro de Alex Turner consigue que casi todas las canciones parezcan la misma.

Arctic Monkeys: ‘Suck It And See’ (2011)

Sostiene Rolling Stone (USA) que éste es el mejor disco de los de Sheffield hasta la fecha y, mirando la trayectoria de Arctic Monkeys desde el 2006, podríamos, si no asegurar exactamente lo mismo que RS, al menos afirmar que es, desde luego, el disco más equilibrado, que es lo mismo que decir armónico, sereno y compensado.

Turner y su banda se han librado de la nubosidad stoner que Josh Homme infundió en ‘Humbug’ y, volviendo a su pueblo y a las manos de James Ford, regresan con un cuarto disco algo más pop, ciertamente vintage, desde luego optimista, notablemente melódico, luminoso y alegre, con estribillos de nuevo y sin una sola mala canción.

En el debe de los Monkeys cabe apuntar que, si con ‘Humbug’ huyeron de sí mismos en tanto que banda juvenil, ahora, probablemente arrepentidos de oscuridades, vienen a la luz por una salida ciertamente más soleada, pero sin apenas riesgo, asegurando el tránsito con un sonido accesible, que puede que a muchos de sus fans les resulte ‘comercialote’ y a dos pasos del mainstream.

Arctic Monkeys: “Humbug” (2009)

Es posible encontrar en este disco pseudo-oscuro, plano y decepcionante un buen puñado de esperanza. Me explico: después de dos excelentes trabajos (Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not y Favourite Worst Nightmare; 2006 y 2007, respectivamente) Alex Turner y sus chicos, producidos por Josh Homme, líder de Queens of the Stone Age, entregan un disco de tiempos pausados –unas lentas, pa los casaos-, hondura acústica y supuesta profundidad reflexiva, quizá con la intención de mostrar madurez (¿será porque tienen veintipocos años?), ponerse pedantes (¿será por lo mismo?), por haber sido abducidos por los conceptos de Homme (quien, por cierto, es la primera vez que produce) o simplemente porque les da la gana. El resultado no va a estar desde luego a la altura de las expectativas de sus fans ni del mercado (¿se sentará el público en los conciertos?), habrá deserciones en masa y quizá incorporaciones de adeptos, porque los monos árticos, al contrario –esperemos- de la mayoría de hypes anglosajones de los últimos años (KeaneColdplayThe LibertinesThe StrokesThe Music…) parecen haber elegido un camino distinto de los dos comúnmente transitados, que son la extinción –real o mediática- o la adaptación al mainstream y la pasta gansa. Arctic Monkeys han puesto sobre la mesa el fruto de su voluntad de crecer y diferenciarse, Turner, fuera de la banda, ha demostrado que puede embarcarse con fortuna en cualquier otra cosa y nuestra esperanza reside en el deseo de que lo consiga. Humbug no es, desde luego, un gran logro en este camino, pero es un pasito.