Arcade Fire: ‘Reflektor’ (2013)

Recuerdo cómo pusieron a los Stones por Some Girls en1978 (“¡es música de discoteca!”), a Pink Floyd por The Wall en 1979  (“¡¿canciones de sólo 3 minutos?!”), a The Police por Zenyatta Mondatta en 1980 (“se han vuelto muy comerciales”) o, hace menos, en 1997, a U2 por Pop.

No hay nada nuevo bajo el sol de la crítica ni alumbra ninguna luz en las sombras del papanatismo musical (bueno, del musical y del universal). Por muy conocido, respetado y aun venerado que sea un grupo (o, a lo peor, por eso mismo), como se salga de la vía de lo esperable, de lo-que-al-fan-le-gusta, palo al canto, catástrofe mediática, rasgado de vestiduras urbi et orbi o, en el mejor de los casos, sorna displicente.

A ver, cuando los canadienses anunciaron que se iban a asociar con James Murphy para su nuevo LP ¿exactamente qué parte del mensaje no se entendió? ¿Esperaba alguien que del mismo sitio de donde han salido los hits de LCD Soundsystem fuera a surgir un apocalipsis barroco de estructuración filosófica? Vamosanda.

Mensajes filosóficos post-industriales aparte, que los habrá, Arcade Fire han querido -se supone- hacer un disco alegre, alumbrado, entretenido y bailongo, han tirado de los 80, de Jamaica, de las bolas de espejitos y del bajo funky y les ha salido una cosa bastante apañada, curiosa, interesante y que, a todas luces, puede y debe entenderse como un ejercicio de libertad creativa (que es lo que verdaderamente molesta a tantos) o, en su defecto, como un capricho de estrellitas pop, que, desde luego, benditos sean por podérselo permitir.

Sí es cierto, no obstante, que Reflektor, en conjunto, sí que deja un retrogusto a un “quería, pero no me he atrevido del todo”, deja notar ciertas tensiones entre composición, arreglos y producción y -digamos- no es una faena redonda, como sí lo fueron otras (pero en otras plazas), pero es un producto muy a la altura de Arcade Fire (vale, de otros, de estos, Arcade Fire) y, si no fuera porque lo firman ellos, todos estaríamos cantando alabanzas (y los papanatas sacándolo en procesión).

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Arcade Fire: cinco razones (o más) por las que ‘The Suburbs’ es un gran disco.

1 Porque tiene grandes canciones (obvio): The SuburbsDeep BlueSprawl II (Mountains Beyond Mountains)Half Life IReady To StartSuburban War

2 Porque ha dejado a todo el mundo satisfecho después de una larga espera (si bien es cierto que tanta unanimidad empalaga y que las comparaciones con Bowie, U2, Young o Springsteen que les están cayendo puede que en con el cuarto disco se vuelvan puñales si les da por echar un pie fuera del sendero que les marcan al ensalzarlos y glorificarlos).

3 Porque logra un difícil equilibrio entre la ruptura (de tono, de tema, de atmósfera) con los dos discos anteriores y la continuidad (en calidad, en intensidad, en afianzamiento de una posición ya muy suya en el mercado).

4 Porque los confirma como una gran banda –si los dioses están con nosotros y con ellos- para mucho tiempo. Considerando el conjunto de los tres discos, tenemos proyecto, concepto, objetivo a corto plazo (consolidarse como una referencia en sí mismos) y a largo plazo (ser trascendentes).

5 Porque a pesar de la (quizá) excesiva duración del disco, de la (ya marca de la casa) pedantería de ciertos pasajes y de cierta dispersión en tonos y formas es imposible escuchar The Suburbs sólo un par de veces y Arcade Fire logran dejarte con ganas de más y/o esperando el cuarto.

VV.AA: “Dark Was The Night” (2009)

Red Hot es una ONG norteamericana que está detrás de varias iniciativas en la lucha contra el sida. Una de las más vistosas, y rentables, es sin duda la de sus discos recopilatorios o discos colectivos que suelen reunir a grandes y grandísimas estrellas del firmamento musical, como aquel Red Hot + Blue: A Tribute To Cole Porter (1990) con nombres como David Byrne, The Neville Brothers, Annie Lennox, Aztec Camera o Tom Waits, o más cerca en el tiempoRed Hot + Rhapsody: The Gershwin Groove (1998), con Morcheeba, Clark Terry, David Bowie, Sinéad O’Connor o Bobby Womack.

Ahora Red Hot ha querido acercarse a lo contemporáneo y de la mano de dos miembros de The National ha compilado y editado un doble disco antológico (en los dos sentidos del término) que reúne a lo más granado del indie y del rock alternativo norteamericano de los últimos años.

No es frecuente que un disco de estas características tenga demasiada repercusión fuera de los medios generalistas y esto es así porque los artistas que aparentemente se involucran en estas cosas raramente se compromenten más allá de la pose y suelen entregar para la causa “caras b” o versiones de dudoso gusto. No es el caso de Dark Was The Night, donde gente de la talla de Yo La TengoMy Morning Jacket,SpoonBeirutArcade FireIron & WineGrizzly Bear o Dirty Projectors ofrecen su mejor material hasta el punto de convertir esta iniciativa, fuera de su repercusión humanitaria, en todo un referente musical y una especie de guía para “iniciables”.