Fishing For Fishiesrock 

King Gizzard & The Lizzard Wizard: ‘Fishing for Fishies’ (2019)

Si alguien tenía previsto decir que a Stu Mackenzie se le había terminado la caja de bombones después de los ¡cinco elepés! que publicó el Rey Molleja en 2017 ya puede ir dejando de salivar, porque los australianos han vuelto con ‘Fishing for Fishies’,  un disco tan estupendo como distinto (dentro de un orden) y también fresco, enraizado, bailongo, divertido y hasta resultón.

Sí, ‘Pescando Pescaditos’ tiene dos o tres hits en potencia, visita con respeto pero sin genuflexiones el valle del Mississippi, tira de blues, de americana, de armónica, de boogie y suena como a southern rock de confitería cara.

Y claro que hay psicodelia, idas de olla, jazz y hasta trance; como no podía ser de otra manera en Casa Mollejas, sabemos cómo empiezan los temas, pero casi nunca nos imaginamos cómo van a acabar y, por supuesto, esa suerte de encadenamiento de sorpresas suele ser lo mejor del menú. Eso y la certeza -que esperamos no se enturbie- de que cada disco de los australianos es un catálogo y también una suerte de espectáculo circense de su capacidad para inventar, retorcer, conmover y superar nuestras expectativas.

‘Fishing for Fishies’ es, además, un disco fácil, pero en absoluto facilón; un disco que poner a alguien que pregunte quién diablos son esos King Gizzard, un disco de iniciación, de aprendizaje y, naturalmente, un menú degustación. Puede, obviamente, que a los seguidores más recios de la banda esta ‘simplificación’ del sonido (y eso a ratos) les parezca una traición, pero a aquellos que consideramos que ningún grupo verdaderamente grande se ha quedado en la cumbre o cerca de ella durante un ciclo óptimo produciendo sus obras como un ‘fan service’ nos resulta tan grato como reconfortante.

No querría señalar los temas más remarcables en detrimento de otros, porque los King Gizzard siempre se han merecido la escucha completa y repetida de cada disco que han sacado, pero nombrar esos temas es algo que se espera de una reseña y es cierto que esos nombres son lo que engolosina al aficionado lector indeciso, así que ahí va algo parecido: escucha ‘Boogieman Sam’, ‘Cyboogie’ y ‘Plastic Boogie’ en ese orden, luego vuelve a entrar en el disco por la puerta principal y hasta el fondo; Su Majestad no se merece menos.

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