Lana del Rey: ‘Born to Die’ (2012)

Si se veía venir. Fue salir la muchacha en Saturday Night Live y hacer lo que pudo, la pobre, y, hala, todos al cuello, su dulce cuello sólo unos días o semanas antes tan mirado, remirado, deseado. Si es que se pusieron todos palote –pedazo pivón y canta y todo y es moderna y todo– y venga fotos, venga vídeos, venga que si igualita que Nancy Sinatra, venga a que mira que me recuerda a Portishead, venga a hinchar el globo, venga a hincharse el hype, venga a hincharse todo. Y el listo pensando se la he colao se la he colao…

Y llega el disco. Y la emperatriz, canción a canción, va quedando desnuda, pero no como le gustaría a algunos/todos: corte a corte, minuto a minuto (una hora larga en la edición deluxe), va transfigurándose: de diosa a Barbie, de Barbie a pedorra, de pedorra a ¿y ahora qué digo yo que dije que iba a ser lo más de lo más del cool del mundo mundial? Y de ahí a dónde he puesto la navaja barbera hay sólo un paso y a esta ya no la salva ni su madre, si es que la conoce la muy… Y pasó lo que tenía que pasar.

¿Qué cómo es el disco? Pues tan largo como vacío, pero desde luego no letal: cada temporada nos tenemos que meter una o dos docenas de truños de muchísima categoría, porque unos u otros o los de más allá dicen esas cosas que dicen, y tampoco nos ponemos a morir. Tiene esas canciones que adelantaron, que no están mal (alguna nada mal) y luego mucha paja y muchísima morralla y, como además es largo, pues no tiene a su favor siquiera la virtud de la brevedad. El listo podría haber afinado un poco más y sacar ‘Born to Die’ con 35-40 minutos y quizá otro gallo hubiera cantado o le hubieran/hubiéramos perdonado la vida, pero quince canciones son muchas para poder esconderse.

 

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