Edward Sharpe and the Magnetic Zeros: ‘PersonA’ (2016)

Si hace no demasiado acabaste demasiado hasta la bola de esto:

No te extrañarás si también les pasó a sus autores. Tanto que casi han tenido cisma y lo han dejado en catarsis, como al parecer quiere indicar en la portada del disco la tachadura del nombre propio en el de la banda, que puede querer decir algo así como ‘vamos a dejarnos de las idas de olla de Alex Ebert‘ o también ‘el abogado de Jade Castrinos [ex-fundadora y ex-miembra] no nos deja usar el viejo nombre’. Vete tú a saber.

Pero vamos al lío: Cuarta entrega de una banda que (casi) tocó el cielo en 2011 con ‘Here’, su segundo disco, después de una gira/acontecimiento (Big Easy Express se llamaba, hicieron docu y todo) junto a Mumford & Sons y Old Crow Medicine Show y que viene a ser el epítome del fenómeno del nuevo folk. Repitieron fórmula cansina en 2013 con un disco autotitulado donde -se decía- Jade Castrinos mostraba, en pleno siglo XXI, los conflictos y aspiraciones de una granjera de 1850; desajuste cronológico este que probablemente acabó provocando su salida de la banda.

¿Qué tiene de bueno ‘PersonA’? Pues que es un disco más trippy y más hippy que folky y -digamos- la paleta sonora se expande -sin alegrías- y eso despierta la curiosidad del oyente y hasta un cierto entusiasmo, porque el disco te lo vuelves a poner y eso significa que te gusta. Y lo hace porque tiene temas buenos, como ‘Hot Coals’ (a pesar de sus 7 minutos y pico, o quizá por eso), ‘No Love Like Yours’, ‘Wake Up The Sun’ o ‘Unconfortable’, donde casi parece que tratan de escapar de sí mismos.

¿Y cuál es el problema que puede tener ‘PersonA’ como producto? Pues su más que evidente caducidad. Por muchas vueltas que le den y mucho que tachen con spray lo que son, no pueden dejar de serlo mientras lo sean (no sé si me explico) y el ciclo folky-hipster está ya agotado. Y lo está porque quizá nació cansado, esto es, con poca imaginación, mucho copy-paste y demasiado postureo agro-hipermegaguay. Y eso harta y cansa. Sobre todo lo último.

Június Meyvant: ‘Floating Harmonies’ (2016)

Islandia tiene unos 330. 000 habitantes, equiparables en número a los de las capitales españolas de Córdoba, Valladolid o Alicante, pero, a diferencia de estas, Islandia nos ha dado en los últimos 30 años a The Sugarcubes y a Björk, a Sigur Rós y a Solstafir, a Of Monster and Men o a Emilíana Torrini.

El último regalo islandés es una vuelta de tuerca a aquello del blue eyed soul, porque, por el aspecto de Június Meyvant, habría que atreverse con el término ‘viking soul’. Será la globalización, será el calentamiento global.

Prejuicios sacudidos, nos encontramos con una más que magnífica colección de canciones de autor, unas más negroides, otras menos; las primeras en la (buena) onda de Curtis Mayfield o Marvin Gaye (quien últimamente sale mucho por aquí y lleva muerto más de 30 años: algo pasa), las segundas en la línea de The Tallest Man on Earth o Bon Iver, todas con unos excelentísimos arreglos de cuerda y viento (muy suaves, por cierto, parecidos a los que Trey Pollard y Matthew E. White le hicieron a Natalie Prass hace un par de años), ninguna mala, ningún relleno, todo alegría.

Június Meyvant –Unnar Gísli Sigurmundsson de nombre real- fue un niño revoltoso y un adolescente intratable hasta que empezó a tocar la guitarra y a componer hacia los 20 años. La música le trajo la paz y él la devolvió en sus canciones, lo que resulta más que evidente sintiendo la calma y el buen rollo que destilan los doce temas del disco.

Steve Gunn: ‘Eyes on the Lines’ (2016)

Diez prolíficos años tocando folk le han dado el privilegio a Steve Gunn, guitarrista, cantante y compositor norteamericano, de debutar en un sello importante con ‘Eyes on the Lines’, un trabajo en el que abandona la disciplina acústica para abrazar la psicodelia eléctrica, pero sin abandonar la suavidad de su magnifico y aclamado trabajo anterior ‘Way Out Weather’, 2014.

Viene demostrando su extraordinario pedigrí musical como miembro de CHQ, de los Violators de Kurt Vile, en variados trabajos de colaboración con leyendas del folk como Mike Cooper (‘Cantos de Lisboa’, bellísimo disco grabado en 2014 en coautoría) o Michael Chapman, Jack Rose o en la banda de los Apalaches The Black Twig Pickers.

Nos presenta una colección de meditaciones sobre la carretera y los viajes en el cual amplía el espectro sonoro de sus anteriores álbumes con el cambio a la guitarra eléctrica, con un folk-rock de bucólicos pasajes que nos invita a relajarnos y tomarnos nuestro tiempo en la observación de las buenas cosas que nos rodean. Al igual que en otros discos de Gunn sigue floreciendo la influencia del compositor vanguardista La Monte Young en esos bucles sin fin, además de ecos del rock clásico de Neil Young, de los Grateful Dead y de Velvet Underground.

Temas esenciales: ‘Ancient Jules’, ‘The Drop’ y ‘Night Wander’.