Arín Dodóexperimental 

Elucubraciones de un disidente sonoro XIX

Hace un año que estuve en Barcelona en el Improfest, festival de improvisación libre organizado por Miquel Jordà, veterano improvisador y tipo muy inquieto que está metido en multitud de cosas, y una de ellas es la organización de este festival.

Hace unos días que hablé por teléfono con Miquel Ángel Marín, otro músico, performer, improvisador y organizador del festival Bouesía, un festival muy interesante que ha podido hacer al menos 10 ediciones en Vandellós. Lo conocí en Valencia en el 2015 y, desde entonces, mantenemos una relación muy fluida y además compartimos un concepto y una actitud ante el arte muy parecida. Precisamente estuvimos hablando de lo que hicimos ahí hace un año y por eso quiero recordarlo aquí, porque fue una experiencia improvisatoria e improvisada muy interesante.

Miquel Àngel y yo estuvimos comiendo y después nos encontramos con Alba Tor por la calle. Alba es artista, performer y llevaba un programa en Radio Ciutat Vella. Nos invitó a pasarnos por el programa a hacer una sesión de radio totalmente improvisada, totalmente libre, sin condicionamientos económicos y sociales. Fue una sorpresa inesperada con la que no contaba, un regalo de la vida, vamos. Y no hay que desaprovechar algo así. Por tanto, nos tiramos sin red y el resultado fue el siguiente:

En el estudio estaba ya preparado Miquel Jordà, lo conocí en ese momento y la verdad es que resultó una sesión improvisada muy divertida, relajada, interesante e intensa. Tengo que decir que los textos que tenía preparados Alba (de su cosecha) ayudaron mucho a la fluidez del momento.

Ese fue el primer asalto, porque para terminar la jornada nos dirigimos Miquel Ángel, Miquel Jordà y yo al Pou de la Figuera, un centro cívico donde hicimos otra sesión improvisada junto a Juan Crek y Primo Gabbiano, una sesión para tirarse por los suelos con total libertad.

Qué bien me lo paso haciendo esto. ¿Es arte? Pues no lo sé, pero me da igual. Muchas veces pienso que el arte está para eso… para bajarlo de su pedestal y pisotearlo de vez en cuando, para darle una cura de humildad, que no viene mal. Más no se puede pedir para los dos días escasos que estuve en Barna, una ciudad bella y con gente mágica. Tendré que seguir yendo ahí.

Atentamente, J.G. Entonado & Arín Dodó

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