Wilco: ‘Schmilco’ (2016)

Con la venia, señoría. Antes de proponer la condena o salvación del encausado llamado ‘Schmilco’, ruego al tribunal que tenga en cuenta los siguientes hechos:

1.- El título hace clara referencia a al álbum de Harry Nilsson de título ‘Nilsson Schmilson’ (1971), obra cumbre de su autor, uno de sus discos más libres y espontáneos y, probablemente por ello, uno de los que mejor ha envejecido, manteniendo todo su brillo y encanto.

2.- Las canciones que integran ‘Schmilco’ fueron grabadas de forma paralela a las que incluía el (muy) decepcionante ‘Star Wars’ publicado hace un año.

3.- Wilco, fundada en 1994, lleva casi una década -desde ‘Sky Blue Sky’– sin sacar un disco que sea una obra maestra, aunque no sin dejar de publicar varias canciones hermosísimas.

Una vez tenidos en cuenta estos hechos y una vez interrogado detenidamente el encausado, llegamos a las siguientes conclusiones, que ofrecemos a su consideración:

1.- Comprobado el hecho #2 no podemos decir aquí que Wilco haya vuelto a sus raíces o haya optado por la vía esencial dentro de su música, simplemente podemos constatar que, hace un año (probablemente más), tenía abiertas dos vías y esta de ‘Schmilco’ nos gusta más. ¿Porque es lo-de-siempre? Puede.

2.- El hecho #1 (indiscutible en sí mismo) nos lleva a sospechar que la vía Shmilco también le gusta más a Tweedy y los suyos y que la elección del título (encadenándolo a un antecedente incuestionable) supone una apuesta por un futuro en el clasicismo en lugar de en los experimentos.

3.- Y, finalmente, el hecho #3 (igualmente indiscutible, a nuestro parecer) nos lleva a agradecer la existencia de las cuatro o cinco grandes canciones que contiene ‘Shmilco’ (las tres primeras, seguidas de ‘Someone to Lose’ -qué línea de bajo, Cristo bendito- y, quizá, ‘We Aren’t The World (Safety Girl)’) e igualmente nos lleva a apreciar en lo que valen (para tirar cohetes, no) las tres o cuatro mediocridades que vienen en el lote y a perdonar ciertos (y, para mí, inexplicables a estas alturas) postureos experimentales con la disonancia y el feísmo (‘Locator’ o ‘Common Sense’).

The Dirty Coal Train: ‘Super Scum’ (2016)

Los lisboetas The Dirty Coal Train comienzan como un proyecto de Reverend Jesse Coltrane, alter ego de Ricardo Ramos (guitarra – voz), que graba las primeras demos en solitario a mediados de 2010 en la capital portuguesa, evolucionando en distintas formaciones (dúo, cuarteto) hasta que se estabiliza en formato trío con Beatriz Rodrigues, también conocida como Conchita de Aragon Coltrane (guitarra – voz) y Carlos Mendes (ex-Tédio Boys y miembro de The Twist Connection) como batería invitado.

Toman su nombre de un juego de palabras surgido entre el nombre de John Coltrane, el imaginario del rockabilly y el blues, donde existen múltiples referencias al tren, mezclado con su pasión por el sucio sonido lo-fi (dirty).

Como amantes de lo crudo, de la distorsión y saturación, destilan su sonido con pinceladas de blues primitivo (Skip James, Blind Willie Johnson, Son House), rockabilly (Johnny Kid & The Pirates, Hasil Adkins, Bo Diddley…), surf (Dick Dale, Link Wray, Davie Allan…), garage de los sesenta (13th Floor Elevators, Sonics, Troggs, Standells, Monks…), todo ello pasado por la trituradora del punk rock (Cramps, Chrome Cranks, The Scientists, Ramones, Dead Moon…) y aderezado con referencias a las películas de serie B, ovnis, monstruos y todo tipo de criaturas.

Dueños además de un respetable bagaje musical: los EPs y singles ‘Killer Brains From Venus’ (2012), ‘The Beast of Boliqueime’ (2014), ‘Invasion Of The Tiki Men’ (2015) y ‘Weird’ (2015) y los discos ‘The Dirty Coal Train’ (2013), ‘Dirty Shake’ (2014) y ‘Super Scum’ ‎(2016), que les ha permitido girar extensamente por Europa y Brasil.

Allah-Las: ‘Calico Review’ (2016)

Formados en 2008 por tres empleados de la mítica tienda de discos de Los Ángeles, Amoeba Music, Spencer Dunham (voz – bajo), Mathew Correia (voz – batería) y Pedrum Siadatam (voz – guitarra) a los que se suma Miles Michaud (voz – guitarra), todos con una pasión común: el sonido de la década de los sesenta.

Dos años después de magnifico ‘Worship the Sun’, el cuarteto nos presentan una nueva joya de onírico pop californiano perfectamente cincelada y que continúan enriqueciendo en esta entrega con instrumentación de mellotron, theremín, viola o clavicordio.

Han grabado este ‘Calico Review’ en Los Ángeles, en los históricos Valentine Recording Studios, que han vuelto a abrir sus puertas, después de tres décadas de ausencia y que les ha llevado a utilizar la consola con la que los Beach Boys grabaron ‘Pet Sounds’ en 1964.

Una elección guiada por la nostálgica búsqueda de un sonido que combina las armonías pop de la British Invasion, las triposas atmósferas de las bandas psicodélicas de la Costa Oeste y la chulería del garage rock estadounidense y que les convierte momentáneamente en guardianes del sunshine pop, del surf, del garage y del folk-rock con aromas sesenteros.

Destaques para: ‘Could Be You’, ‘200 South La Brea’, ‘Famous Phone Figure’ y ‘Warmed Kippers’