Stone Dead: ‘Good Boys’ (2017)

João Branco, Bruno Monteiro, Jonas Gonçalves y Leonardo Batista son de Alcobaça (Portugal). Cuatro jóvenes que entre estudios y trabajo empiezan a escuchar rock’n’roll y a divertirse tocando versiones, como las antiguas bandas de garage rock, y es así como nacen los Stone Dead. Han editado dos EP – ‘Animals’ (2012) y ‘The Stone John Experience’ (2014) – con un sonido directo, poderoso, sin artificios, fuertemente anclado en el hard-rock y el stoner, con toques bluseros.

Ahora es cuando presentan su primer larga duración ‘Good Boys’. Un disco que recupera la idea, quizás algo denostada, de los álbumes conceptuales, discos con un elemento unificador o tema común, que en su caso es la historia sobre la vida de Tony Blue, desde su nacimiento hasta su muerte.

Un disco en el que suavizan su sonido, sin dejar de lado el hard rock, y al que se suman un abanico de influencias que van desde el rock de finales de los sesenta al pop británico y la psicodelia de la misma época. Un álbum para fans de los MC5, Zeppelin, Who, Beatles y Floyd, y que estará, sin duda, entre los mejores del año corriente publicados en el país hermano.

Miles Mosley: ‘Uprising’ (2017)

¿Qué tienen en común India Arie, Chris Cornell, Kenny Loggins, Christina Aguilera, Kamasi Washington, Joni Mitchell o Kendrik Lamar? La respuesta es su bajista, y su bajista, en estudio o en directo, frecuente u ocasionalmente, es o ha sido Miles Mosley.

Nacido en Los Ángeles, en el mismísimo barrio de Hollywood, hace 37 años y dilecto alumno de la Colburn School of Music, donde estudió jazz y clásica (y donde eligió el contrabajo ‘por ser el único instrumento que no tenía que llevarme a casa’), con poco más de 20 años ya estaba trabajando con músicos de primera fila (a los de arriba podemos añadir Jeff Beck, Lauryn HillGnarls Barkley; el currículum es apabullante) y construyendo poco a poco su propio proyecto y concepto que mezcla de forma demoledora soul, rock, funk y jazz.

‘Uprising’, donde Mosley está secundado (es un decir) por The West Coast Get Down, se puede describir de forma bastante tópica como un choque de trenes entre Otis Redding, Jimi Hendrix, PrinceLenny Kravitz y de forma genérica ha sido etiquetado como hard-soul; aunque de forma cautelar y prioritaria se recomienda escucharlo (tres o cuatro veces seguidas) y sacar cada uno sus propias conclusiones.

¿Qué es lo mejor del disco o por qué este disco es importante? Pues cuesta señalar temas concretos, por miedo a dejarse alguno (‘Young Lion’, ‘Abraham’, ‘Shadow of Doubt’, ‘Reap of Soul’, ‘L.A. Won’t Bring You Down’ te pueden dejar molido), pero es muy fácil indicar muy determinados momentos en que la suma de Mosley (bajo y voz), Tony Austin (batería), Brandon Coleman (piano y órgano Hammond) y la sección de viento con Kamasi Washington y Zane Musa (saxos), Dontae Winslow (trompeta) y Ryan Porter (trombón) ¡más orquesta sinfónica y coros! probablemente te quemaría las pestañas si lo estuvieses viendo (ahí abajo dejo un ejemplo), porque es seguro que te deja triturado de gusto cuando lo escuchas.

Spoon: ‘Hot Thoughts’ (2017)

Britt Daniel, el líder de Spoon, dijo hace poco en una entrevista que habían compuesto/grabado este álbum escuchando a Prince y el Lodger de Bowie (que como mezcla para pólvora no está mal); si lees críticas en medios (muy) prestigiosos, te dirán que el paso que han dado ahora los de Austin  es muy similar al que dieron Arcade Fire con ‘Reflektor’  (un paso, por cierto, que parecía dado en un barranco hasta que nos hemos enterado de esto) y no sé dónde leche he leído que este ‘Hot Thoughts’ es un híbrido entre Radiohead y el funky.

O sea, que el disco gusta, pero confunde y, como está el patio, si algo nuevo de una banda vieja nos deja a los que escribimos de música (ya se sabe eso de que es como bailar sobre arquitectura) pegando tiros al aire, es que hay tema, hay sustancia y la cosa merece detenimiento.

‘Hot Thoughts’ es un disco extraordinario en la trayectoria de una banda veterana que (tocándonos muchas veces las pelotas a los que nos enganchamos a ellos con el Girls Can Tell) está empeñada en crecer y evolucionar, aun a riesgo de alejarse de lo que la clientela, la crítica y la industria esperan de ellos. Y es algo  que Spoon pueden hacer perfectamente porque, a diferencia de Arcade Fire, no llenan estadios por sí mismos y, por tanto, no están paralizados por contratos muymillonarios ni compromisos megalíticos.

Spoon suenan a Spoon aunque se vistan de sintetizadores y, desde siempre, suenan muy poco parecidos a casi nada de lo que se escucha por ahí. Es decir, han conseguido ser una banda-isla, pero, gracias al cielo, nada de lo que producen parece fruto del ensimismamiento. Por eso, en este disco bailongo, de melena medio suelta, luminoso, brillante, con un bajo juguetón y prodigioso que hilvana con hilo de oro las diez canciones, pueden sonar como una mezcla entre Prince y los Talking Heads en ‘Can I Sit Next To You’ o -agárrate- como los KISS de ‘I Was Made For Lovin’ You’ en ‘Shotgun’ sin dejar por un momento de ser Spoon ni de ser simplemente enormes.